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Gentrificación y degradación urbana: ¡los vecinos se van!

Ambos fenómenos se dan de forma natural dentro de distintas partes de la ciudad. Los barrios pobres pueden ir mejorando sus condiciones conforme las familias residentes mejoran poco a poco su condición económica e invierten en su calle y en su casa. Los barrios ricos pueden irse degradando si las nuevas generaciones se mudan y el vecindario se hace viejo. Sin embargo estos procesos naturales dentro de la evolución de la ciudad pueden verse interrumpidos o fomentados por agentes externos en busca de jugar con la llamada especulación inmobiliaria

Adolf Loos: el primer moderno

Bajo nuestra mirada crítica contemporánea a nadie (o casi nadie) le gustaría presumir a su arquitecto racista, misógino y clasista favorito del siglo XIX. Sin embargo, además de hacer comparaciones poco afortunadas para la mente liberal del siglo XXI sobre la naturaleza criminal o demencial inherente a las personas con tatuajes, o de “medir” el desarrollo de un país por que tan rayados están los baños públicos de sus bares, Loos atino a encontrar un grave problema que enfrentaba la arquitectura de finales del siglo XIX; la inviabilidad económica de la arquitectura ornamentada en la pujante revolución industrial e implacable lógica de mercado del siglo XX.

La arquitectura como forma de control social

“Todo poder se ejerce arquitectónicamente –Bataille”. La organización de la ciudad contemporánea y con ella específicamente la producción arquitectónica, tiene la tarea de salvaguardar el poder de la clase dominante; con este fin, el esfuerzo de todos los poderes se concentra en aumentar los medios para mantener el orden, y lograr el aislamiento y la fragmentación de la población, como un medio de control y dominación muy eficaz.