Arquitectura - Disonante.lat

La Torre de Babel: arquitectura y urbanismo

El mito bíblico de la torre de Babel puede servir para describir la crisis por la que atraviesan la arquitectura y el urbanismo en nuestros días. Se sabe de qué se trata: la repetición del pecado original de querer ser como dioses (hybris, desconocimiento de los límites, locura “divina”). Dice el Génesis que los hombres se propusieron construir una torre para alcanzar el cielo. El espíritu confundió sus lenguas y, al no poderse comunicar ni entender entre los productores, la obra quedó inconclusa y los seres humanos se dispersaron por muchos rumbos, según las lenguas que ahora hablaban.

Adolf Loos: el primer moderno

Bajo nuestra mirada crítica contemporánea a nadie (o casi nadie) le gustaría presumir a su arquitecto racista, misógino y clasista favorito del siglo XIX. Sin embargo, además de hacer comparaciones poco afortunadas para la mente liberal del siglo XXI sobre la naturaleza criminal o demencial inherente a las personas con tatuajes, o de “medir” el desarrollo de un país por que tan rayados están los baños públicos de sus bares, Loos atino a encontrar un grave problema que enfrentaba la arquitectura de finales del siglo XIX; la inviabilidad económica de la arquitectura ornamentada en la pujante revolución industrial e implacable lógica de mercado del siglo XX.

La arquitectura como forma de control social

“Todo poder se ejerce arquitectónicamente –Bataille”. La organización de la ciudad contemporánea y con ella específicamente la producción arquitectónica, tiene la tarea de salvaguardar el poder de la clase dominante; con este fin, el esfuerzo de todos los poderes se concentra en aumentar los medios para mantener el orden, y lograr el aislamiento y la fragmentación de la población, como un medio de control y dominación muy eficaz.

AICM: la puerta hacia la ciudad global mexicana

En uno de los inacabables comentarios que están surgiendo en la red acerca del AICM, algún internauta anónimo cuestionaba el por qué de la titánica inversión en un aeropuerto que menos del 2% de la población mexicana usa (el vigilante de mi edificio todavía no se sube a ningún avión). La respuesta también es obvia, es un aeropuerto bien mexicano (según Fernando Romero la X es súper mexicana) que no es para los mexicanos. Es más, resulta que no es un aeropuerto, es una puerta, la puerta a la capital trasnacional.