Los arquitectos Zaida Muxí y Josep María Montaner en su libro “Arquitectura y Política”, citan la siguiente expresión para señalar con ello uno de los tantos propósitos que tiene la arquitectura:
“Todo poder se ejerce arquitectónicamente –Bataille” [1].
La organización de la ciudad contemporánea y con ella específicamente la producción arquitectónica, tiene la tarea de salvaguardar el poder de la clase dominante; con este fin, el esfuerzo de todos los poderes se concentra en aumentar los medios para mantener el orden, y lograr el aislamiento y la fragmentación de la población, como un medio de control y dominación muy eficaz. La arquitectura vista como forma de control viene expresada bajo dos condiciones: en primer lugar con la supresión de los espacios públicos y en reemplazo de estos, la construcción de nuevos espacios “públicos” dedicados específicamente al consumo y el espectáculo; y en segundo lugar los barrios cerrados y los rascacielos multipropósito, que obedecen a un tipo de urbanismo defensivo.
Entre los espacios “públicos” de consumo destacan especialmente los centros comerciales y los parques temáticos, lugares que se pretenden ajenos a todo conflicto, derecho urbano, reivindicación o reclamación. Son espacios autónomos con un paisaje interior independiente de su entorno, donde los motivos arquitectónicos están cuidadosamente armonizados para formar con ello una escenografía teatral que incorpora lo simbólico a lenguajes e iconos de puro consumo. Son espacios de fantasía que estimulan la imaginación, lugares para vivir más cercanos a un decorado de película feliz, utópica y sedada, que a la verdadera realidad y diversidad urbana. Este tipo de espacios funcionan a manera de replicas o simulacros donde se escenifica el espectáculo en el que se ha convertido la experiencia cotidiana; no encarnan visiones de lo ideal sino que colman fantasías pedestres. Muxí y Montaner, concuerdan en que estos espacios “públicos”implican un control sobre la vida personal [2]; la expresión de la individualidad y la diferenciación quedan coaccionadas por el control abusivo, y los decálogos de comportamientos y conductas que imponen dichos espacios a sus usuarios. De esta forma, las seducciones y manipulaciones que ejercen tanto los centros comerciales como los parques temáticos, nos hacen creer en un mundo de sueños donde el orden prevalece dentro de un contexto de caóticas diferencias.
Para el filósofo español José Miguel Cortés este tipo de arquitectura trae consigo una “Mercantilización de las experiencias de la vida por medio del consumo y el entretenimiento” [3]. Así, la gente es socialmente integrada y seducida mediante la dependencia del mercado, el consumo y los lugares donde se lleva a cabo; convirtiéndose en estructuras que canalizan el comportamiento y la conducta de las masas, y en elementos fundamentales para el mantenimiento del orden social. Finalmente, estos espacios al conseguir que se interioricen las normas y hábitos de comportamiento y al excluir la diferencia, generan una amplia ilusión de libertad y tranquilidad al individuo con la que se construye una especie de fantasía ideológica.
El otro tipo de arquitectura-control esta expresada como se dijo anteriormente en el urbanismo defensivo aplicado en los barrios cerrados y las lujosas torres multifunción. El control arquitectónico de las fronteras sociales se ha convertido en el verdadero espíritu de la reestructuración urbana; la seguridad residencial y comercial ha conseguido reemplazar las esperanzas de cualquier revolución hacia la integración social. Las clases altas levantan muros para intentar salvar su mundo de exclusividad, lujo y comodidades, frente a los otros que quedan excluidos y discriminados. La tendencia arquitectónica actual es a construir verdaderas fortalezas urbanas, cuya propuesta es vivir en una burbuja (que adquiere variadas formas y usos) pero que consiste básicamente en espacios simulados y protegidos, con toda la tecnología aplicada al control; lugares de acceso restringido que tienden a la exclusión de los extraños y a la selección de sus pobladores, donde se ha eliminado lo incierto y lo imprevisible.
Esta arquitectura-control, busca construir una ciudad simulada, una ciudad de iguales, que separa al extraño, al otro (que ni posee ni consume) y que se convierte en elemento peligroso. Zaida Muxí llama a estos espacios “simil-ciudades de felicidad controlada” [4], donde se representan situaciones de algo que puede imaginarse que fue, basado en referencias de imágenes que la publicidad invoca y legitima para que nos sintamos en un lugar conocido y por tanto seguro. Este tipo de arquitectura se justifica en la falsedad de una sociedad igualitaria, en la ficción creada mediante una falsa variedad que esconde una homogeneidad social estéril, fácil de manipular y de dirigir. José Miguel Cortés considera que estos espacios consolidan nuevos rituales que generan pautas de conducta. La seguridad de este tipo de arquitectura defensiva y excluyente se paga con una falta absoluta de intimidad, con la perdida de la libertad y con la ausencia de privacidad del individuo. Pues no solo las entradas, salidas y desplazamientos están vigilados, sino que también están controladas las formas de vida, y los comportamientos personales, que deben ser acordes a los que la mayoría consideran “pertinentes”.
Frente a esta situación, es interesante vislumbrar como la arquitectura, en muchos casos, funciona como una forma de engaño e hipnotización que oculta la realidad y a su vez legitima las condiciones de desigualdad y opresión a las que se somete el ser humano; con lo que se evidencia al mismo tiempo, su fracaso como una disciplina humana y social, cuyos esfuerzos (técnicos, académicos y de investigación) deberían estar centrados en mejorar las condiciones de vida para “todos”.
[1] Josep M. Montaner y Zaida Muxí, Arquitectura y política (Barcelona: Gustavo Gili, 2011).
[2] Josep M. Montaner y Zaida Muxí, Arquitectura y política (Barcelona: Gustavo Gili, 2011).
[3] José Miguel G. Cortés, Políticas del espacio: arquitectura, género y control social (Barcelona: Actar, 2006).
[4] Zaida Muxí, La Arquitectura de la Ciudad Global (Barcelona: Gustavo Gili, 2004).
Imágenes de Lorena Cardona, 2014.





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