Cuando se habla de la arquitectura moderna, aquella que rompió esquemas e impulso un nuevo paradigma estético a principios del siglo XX, la mayoría de los estudiantes de arquitectura revisan las tablas de los diez mandamientos que les dieron sus profesores del curso de historia, y sale de sus labios el nombre de Le Corbusier.
“El Cuervo” como se rebautizó el famoso arquitecto francés Charles Édouard Jeanneret-Gris, es uno de los grandes personajes míticos y épicos de la historia de la arquitectura moderna. Para los que no conocen al personaje, se le adjudica la culpa de iniciar el movimiento moderno y con este una arquitectura mucho más austera que hizo escuela por todo el orbe. Es decir, fue el culpable de que pasáramos de esto:

Edificio Gaona México 1922
A esto:
Sin embargo, toda figura tiene su antecedente, y uno muy importante, y actualmente minimizado es Adolf Loos. Para cuando el cuervo había estrenado su revista “El espíritu Nuevo” en 1920, ya se cumplían 18 años de que Loos hubiera publicado el controversial artículo de “Ornamento y Delito”. Los “5 puntos de una Nueva Arquitectura de Le Corbusier de 1926” consolidan lo que Adolf Loos había escrito 18 años atrás, por no mencionar la amplia trayectoria del Arquitecto Checo (se le adjudican alrededor de 100 obras concluidas para el año de 1926) en contra de la del frances (tan solo 8 en el mismo periodo).
Bajo nuestra mirada crítica contemporánea a nadie (o casi nadie) le gustaría presumir a su arquitecto racista, misógino y clasista favorito del siglo XIX. Sin embargo, además de hacer comparaciones poco afortunadas para la mente liberal del siglo XXI sobre la naturaleza criminal o demencial inherente a las personas con tatuajes, o de “medir” el desarrollo de un país por que tan rayados están los baños públicos de sus bares, Loos atino a encontrar un grave problema que enfrentaba la arquitectura de finales del siglo XIX; la inviabilidad económica de la arquitectura ornamentada en la pujante revolución industrial e implacable lógica de mercado del siglo XX.
“Cuando dos hombres viven cerca y tienen unas mismas exigencias, las mismas pretensiones y los mismos ingresos, aunque pertenecen a distintas civilizaciones, se puede observar, desde el punto de vista económico de un pueblo, lo siguiente: el hombre del siglo XX será cada vez más rico, el del siglo XVIII cada vez más pobre. Supongamos que los dos viven según sus inclinaciones. El hombre del siglo XX puede cubrir sus exigencias con un capital mucho más pequeño y por tanto puede ahorrar.
(…)Es conocida la situación en los oficios de talla y adorno, los sueldos criminalmente bajos que se pagan a las bordadoras y encajeras. El ornamentista ha de trabajar veinte horas para lograr los mismos ingresos de un obrero moderno que trabaje ocho horas. El ornamento encarece, por regla general, el objeto; sin embargo, se da la paradoja de que una pieza ornamentada con igual coste material que el de un objeto liso, y que necesita el triple de horas de trabajo para su realización se paga por el ornamentado, cuando se vende, la mitad que por el otro… El enorme daño y las devastaciones que ocasiona el resurgimiento del ornamento en la evolución estética, podrían olvidarse con facilidad ya que nadie, ni siquiera ninguna fuerza estatal, puede detener la evolución de la humanidad. Sólo es posible retrasarla. Podemos esperar. Pero es un delito respecto a la economía del pueblo el que, a través de ello, se pierda el trabajo, el dinero y el material humano. El tiempo no puede compensar estos daños.”[1]
Loos, como les sucede a algunos personajes de la historia, fue un hombre demasiado avanzado para su tiempo, que predicaba nociones modernas a finales de la Época Victoriana. En un periodo en donde, la arquitectura oficial del grueso de las naciones era de un corte neoclásico (o sus derivaciones) y cualquier idea estética contraria era señalada no solo de radical, sino en contra del régimen.

Caricatura de periodico vienés de la epoca haciendo mofa a Loos: “Meditando sobre el arte, el hombre más moderno pasea por la calle. De pronto se detiene, paralizado. Ha encontrado lo que tanto tiempo llevaba buscando”
Otro gallo le cantó al cuervo, cuando 20 años más tarde, en la orilla de una de las peores crisis económicas que ha sufrido el mundo moderno, propuso una arquitectura nueva (coincidentemente mucho más barata) que cambiaría la estética de las edificaciones para siempre.
Hoy en día seguimos arrastrando las ideas de la modernidad desde esta periferia llamada México. Seguimos arrastrando a casi 100 años de “Ornamento y Delito” la noción equivocada del progreso que la modernidad nos implanto. Como no iba a ser de esta manera, cuando, como menciona Loos, la mitad del país sigue viviendo como en el siglo XVIII, y no se ha dado cuenta, porque no lo han probado, que ser modernos no es sinónimo de bienestar.
[1] Adolf LOOS, “Ornamento y delito,” Paperback nº 7. ISSN 1885-8007 (1908). http://www. paperback.es/articulos/loos/ornamento.pdf. fecha de consulta: 10/09/2014.





Sorry, the comment form is closed at this time.