Fuente: Sebastian Mitl Gonzalez, 2014.
Vivimos en un sistema de mercado en el que todo tiene un precio. Y el suelo que pisamos no es la excepción, las características de la zona en la que habitamos pueden influir con cuánto cuesta el suelo que pisamos. La tierra tiene precio, y este no es tan estable como algunos pensarían. Existen dos conceptos que esencialmente se traducen a un incremento o disminución del valor del suelo: La gentrificación y la degradación urbana.
La gentrificación y la degradación urbanason en realidad dos conceptos que se refieren a dos polos opuestos del mismo fenómeno. Estos se refieren a la revalorización de una zona debido a la inversión de recursos en la misma (gentrificación) o por el contrario, la infravaloración de esta debido a la falta de recursos destinados (degradación). Casa viejas y ruinosas, fábricas abandonadas, calles, banquetas y jardines en mal estado en contra de nuevos edificios, nuevas fuentes de trabajo, nuevos pavimentos, medios de transporte y espacios públicos seguros. ¿Existe un nuevo polo de atracción importante cerca de tu casa? El precio de tu vivienda sube, ¿La compañía de al lado cerro y solo es ahora un gran lote baldío? El precio de tu vivienda baja.
Ambos fenómenos se dan de forma natural dentro de distintas partes de la ciudad. Los barrios pobres pueden ir mejorando sus condiciones conforme las familias residentes mejoran poco a poco su condición económica e invierten en su calle y en su casa. Los barrios ricos pueden irse degradando si las nuevas generaciones se mudan y el vecindario se hace viejo. Sin embargo estos procesos naturales dentro de la evolución de la ciudad pueden verse interrumpidos o fomentados por agentes externos en busca de jugar con la llamada especulación inmobiliaria. Gobierno e intereses privados (que muchas veces están coludidos) pueden manipular las condiciones de un lugar fomentando o negando la inversión de distintas colonias de la ciudad.
Jugar pues a la degradación y a la gentrificación urbana de la ciudad es un negocio jugoso para los grandes capitales. La receta mágica consiste en primero degradar de forma profunda alguna zona estratégica o con “potencial” dentro de la ciudad. El gobierno local puede reducir los recursos destinados a la zona: menos seguridad, mal servicio de agua, calles descuidadas, etc. De esta manera el valor del suelo cae, ¡es hora de comprar! Las grandes compañías y corporativos compran terrenos y edificios baratos a los habitantes que quieren irse del lugar. Una vez que las propiedades han sido compradas, ¡Es hora de invertir! El gobierno local y las corporaciones destinan grandes recursos en el “rescate” del barrio, mejorando sustancialmente sus condiciones. Y Voilá! El suelo ha incrementado considerablemente su costo, ahora ¡Es hora de rentar!
Crónica de una muerte anunciada, los vecinos que rentaban se van, la renta ha subido de forma grosera y no pueden pagarla. Los vecinos dueños, son presionados por los corporativos para vender en el mejor de los casos, en el peor, el propio gobierno les expropia su terreno. Para los más viejos el movimiento resulta particularmente violento, ven ante sus ojos morir el barrio donde vivieron, en donde nacieron sus hijos y tenían su trabajo.
Existe la violencia urbana, el bullying territorial. La gran mayoría de la población puede ser presa del fenómeno manipulado por los grandes intereses. Pero también hay que ser justos y hablar de contrastes. Por ahí dicen que no puedes hacer omellette sin romper unos cuantos huevos. La transformación de zonas específicas en favor de la salud urbana de la ciudad puede estar justificada. El problema está cuando las pocas cabezas que deciden intervenir de esta forma violenta en el tejido urbano, lo hacen por simple y vulgar negocio.






A tan vigente y circular tópico. Añado el siguiente extracto, tal cual, lo dice un artículo referente al tema:
En sus propias palabras: “¿Por qué hace falta un flujo de blancos neoyorquinos en el sur del Bronx, Harlem, Bed Stuy y Crown Heighs para que mejoren los servicios? Cuando yo vivía en 165 Washington Park no se recogía la basura todos los días. ¿Por qué ha hecho falta toda esta gente blanca para que mejoren las escuelas? ¿Por qué hay ahora más protección policial en Bed-Stuy y Harlem?”.
No es el primer texto que trata la gentrificación como un proceso de hipsterización económica. Este y otros análisis trazan una crítica consistente a unas prácticas que modifican nuestro entorno y parecen erigirse en los siguientes puntales:
–El artista ha estado al servicio de los fenómenos gentrificadores.
–Si alguien habla de “regeneración urbana”, échate a temblar.
–El modelo económico es neoliberal.
Ver en: http://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/gentrificacion-producto-economia-hipster_0_306569551.html