Centro Histórico Ciudad de México | Fuente: Selene Losano, 2014.
En esta oportunidad me interesa invitar al lector (o los lectores, si es que tengo la suerte y la destreza para atraer a varios) a que hablemos sobre una faceta siempre bien vista y poco analizada sobre los centros históricos y el turismo cultural.
Como muy bien explica Coulomb “Una de las finalidades por las que un Centro Histórico se inscribe en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, es para conseguir apoyo para su protección y conservación. Pero la realidad actual es, para muchas ciudades, que las autoridades consideran esta designación como una oportunidad para convertir al Centro Histórico en una fuente potencial de promoción turística” [1].
Existen una gama de efectos del turismo sobre las zonas patrimoniales, y uno de ellos está relacionado con una de las formas más conocidas de éste, llamado «turismo cultural». Coulomb considera al mismo como “una forma de irrupción de lo global en la esfera de lo local” [2], esta irrupción genera diferentes impactos en las ciudades. El discurso más conocido y romántico (y que puede considerarse como un efecto positivo) reza que el turismo cultural es fuente de tolerancia frente a la diversidad cultural, de diálogo, encuentro y comprensión entre las diferentes culturas que habitan en este planeta. Aunado a esto, los beneficios económicos son palpables: el turismo ayuda al financiamiento de acciones de conservación sobre este patrimonio.
Sin embargo, existen otros efectos no tan escuchados pero no por eso menos importantes. Además de los conflictos potenciales entre turistas y residentes y las tensiones entre empresarios locales y operadores turísticos, el turismo cultural puede inducir hacia la banalización de genuinas expresiones culturales.
¿A qué nos referimos con esto? Uno de los fenómenos conocidos de esta nueva «era globalizada», es aquel denominado reduccionismo cultural. Esto se provoca a partir de la promoción de la diversidad cultural (que es enfatizada por los nuevos modos de comunicación) pero dominada por una simplificación de los contenidos para hacerlos comprensibles y accesibles a todas las personas.
Este fenómeno afecta sin lugar a duda los imaginarios culturales de los “turistas culturales” y de los distintos grupos sociales locales (…) incide directamente sobre la reconstrucción de los imaginarios en torno a los centros históricos y cuestiona fuertemente la posibilidad de que la conservación de los mismos pueda apoyarse sobre procesos auténticos de apropiación colectiva del patrimonio cultural urbano [3]
De esta manera, muchas expresiones culturales pueden ir siendo «simplificadas», reproducidas al infinito y comercializadas por promotores turísticos, manejándolas como productos de exportación. Esto no sólo sucede con artículos, sino también con prácticas, ritos, ceremonias y hasta personas, que son disimuladamente expuestas a la observación y la fotografía. Esto me recuerda a una anécdota que me contaron en un viaje a Oaxaca, donde una señora “típica” de la sierra oaxaqueña cobraba por que le saquen fotos… la verdad que fue algo que me causó risa y tristeza simultáneamente, ya que por un lado pensé “esta señora se debe de haber cansado de escuchar “oooh you are so cute! Can I take you a picture?” y viendo que esa situación no disminuía, decidió sacar provecho de ello. Me la imagino diciendo “Yo soy cute? Bueno, págame entonces”.
¿Es esta la mejor manera de conocernos? ¿Realmente así dialogamos, nos encontramos y comprendemos?
A su vez, si consideramos a la ciudad como una expresión fiel de la sociedad que la habita, construye y paulatinamente modifica; este reduccionismo cultural genera efectos específicos en ésta, ya que como explica Coulomb “esta reducción no sólo lleva a la homogeneización cultural sino a un reduccionismo espacial y funcional de esta áreas urbanas” [4].
[1] R Coulomb, “Reduccionismo Cultural y territorial del patrimonio urbano,” Centro-h, no. 3 (2009): 81.
[2] R Coulomb, “Reduccionismo Cultural y territorial del patrimonio urbano,” Centro-h, no. 3 (2009): 82.
[3] R Coulomb, “Reduccionismo Cultural y territorial del patrimonio urbano,” Centro-h, no. 3 (2009): 83.
[4] R Coulomb, “Reduccionismo Cultural y territorial del patrimonio urbano,” Centro-h, no. 3 (2009): 83.






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