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Era la una de la mañana en la Ciudad de México. Se esparcía el silencio y resoplaba el viento como espectro de las luces y de los semáforos intermitentes. Durmientes la mayoría. Eran todos secuestrados en sueños que los llevaban a la intimidad de su frustración, deseo, inoperancia o ilusión. ¿Cuánto vacila uno en la ciudad inconsciente?
Lejos de aquella imagen, de la que ahora soy parte y me extingo a cada letra, pase, hacía la última definición de arquitectura.
I
Cuatro fueron los recuerdos que me invadieron. Uno derivaba de la vieja guardia del modernismo lecorbusiano. De él… que hablaba de las sombras y los volúmenes, de la luz y de nuestros ojos, de la revelación de los cubos, conos, esferas y cilindros. Vacilé en un movimiento y mantuve los ojos bien cerrados. Ya no era posible mirar nada. No había formas geométricas más que aquellas que el pensamiento me dotaba, líneas difusas en el telón negro de la mente. Puntos de fuga nunca vistos. Había color, letras y miradas; había otra forma de ser universo, había en definitiva, otra arquitectura. Y desconfié de él, pues consciente me tornaba que con mis ojos cerrados era capaz de descubrir el mundo, de conocerlo.
II
¡Loco! Me grito un forastero del inconsciente y regresé de inmediato al deambulatorio de los cuerpos despiertos. Llegó entonces, el segundo recuerdo. Viaje a la trinidad arquitectónica de la antigua Roma, esa de las alabanzas al César que Vitruvio otorgó en el preámbulo de su decena libresca. “Venustas, utilitas y firmitas”… ¿habrá acaso mejor suerte para una triada en la historia de la arquitectura? Y repetía en mi mente, una y otra vez: “venustas, utilitas y firmitas”… y mis maestros repetían y con ellos los libros y las páginas de la cultura arquitectónica, del bien obrar, como si de una moral suprema se tratara. Susurro una mujer: “La belleza es una línea delicada, más valdría no tomarla mucho en serio.” Se estremeció la tierra y vi caer la triada ante el sentir de mí tiempo, que era el tuyo y el de ellos. Sin nostalgia, abandoné esa raíz, que otros, me impusieron.
III
Sentado, recliné mi cabeza para alcanzar una ilusión más de mi breviario. Arropado en la tranquilidad de un idear ambiguo, oí los pasos del literarato. Se posó frente a mí, el nobel poeta mexicano, aquel que hizo en una frase de la arquitectura: “el testigo insobornable de la historia”. ¡Ah, pero cuánto tiempo han perdido los historiadores si Paz tuviera razón! Imaginen tener un texto así de fiable, así de inexpugnable… Observé entonces, la transmutación del espacio social, de los objetos… de lo poco que nos dicen; estratos de historia quedaran, pero solo en razón de fragmentos. La verdad contenida en nuestra arquitectura, no es más abundante que la de una vasija antigua en un museo.
IV
Al dejar de lado mi nacionalismo, llegó el último pasaje. Deambulaba por la ciudad, miraba al piso, a las puertas y al cielo. Edificios discontinuos, calles irregulares, basura en camellones, sentí aspirar la realidad urbana en esta madrugada; así, recordé a Louis Kahn, aquel que negó la existencia de la arquitectura y afirmó sus obras. Más relevante era su altivo: “No todos los edificios son arquitectura (…)”. Y pensaba ¿quién es el juez moral de la arquitectura?… alguien con “autoridad”: un gremio, una revista, un jurado… Necesitamos ‘alguien’ que nos ayude a distinguir entre lo que es, de lo que no es; a mirar las cualidades intrínsecas de las obras, las que emanan, según Louis: “del espíritu del hombre y no de las instrucciones materiales”. ¡Cuántas veces habré defenestrado semejante distinción! De las trampas que implica creer en ella, de lo desvergonzado que resulta proteger esa tela fina de la arquitectura, en un contexto de impúdica desigualdad.
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Esos fueron los cuatro recuerdos que me invadieron. Regresé a mi casa -más o menos arquitectónica- a resguardar mi mente como el resto de los durmientes. A viajar por mis frustraciones y mis deseos, para alcanzarlos en una arquitectura distinta, la imposible, la última.
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HAY AQUÍ UNA POTENCIA, EN ESTE TEXTO, UNA CONSTRUCCIÓN QUE LATE EN LA POSIBILIDAD. CREO EN ESA POSIBILIDAD, PUES ES EL ECO DE UNA CONSTRUCCIÓN QUE TRASCIENDE LO INDIVIDUAL…LO SOÑADO ES UN ECO DE UNA EXISTENCIA QUE NO NECESARIAMENTE ES IDEAL. LO POSIBLE Y LO MATERIAL, A VECES, SÓLO TIENEN UN PARPADEO DE DIFERENCIA.
En razón de lo posible. Ir hacía allá alejados del rastro o las sombras (veneradas). “En lo material lo virtual habita”.