Espacio escultórico UNAM | Fuente:
Absténganse pues, quienes por poético imaginen la belleza, sutileza o cualidad elevada de la acción-efecto del diseño o de sus artefactos. Sí, aquello pertenece y puede ser incluso objeto de intencionalidad, deseo, persecución. Mas en este breve texto, léase la definición de poiesis (ποιησις) término griego que significa ‘creación’ o ‘producción’. Cuya semántica vacila en un horizonte más lejano. Jaime Irigoyen recordaba en clase [1] que eso poético, habla del “hacer profundo del orden”…
Hacer, el diseño antes que objeto, es una acción. Si reflexionamos en torno a porqué y para qué hacemos, si buscamos en la causa realmente honda de ello… destruiremos las explicaciones sociales, psicológicas, antropológicas y la Historia misma para naufragar en el inicio indecible o quizás inexistente de lo que somos. Millones de años en proceso evolutivo han formado en nuestras mentes-cuerpos, el poder hacer. Ahí, se encuentra el móvil poético del diseño.
Ahora bien, todo lo esencial de la evolución humana ha tenido lugar en tiempos remotos, mucho antes de esos cuatro mil años de los que tenemos un conocimiento aproximado, en cuyo transcurso el hombre ya no ha cambiado mucho.
Nietzsche, Humano demasiado humano. 1878.
La poiesis en tanto ‘creación’ o ‘producción’ deriva de un orden previo a la voluntad humana, a la idea, al marketing y a la parafernalia discursiva de la que hoy se viste al diseño (como prefiguración, figuración, configuración y modelización). Estimemos, que antes de auspiciar lecturas exageradas sobre las cualidades del objeto, proyecto o sujeto que diseña, miramos en la compleja situación que ha formado nuestra condición humana; una larga cadena de incontables sucesos, de quienes antecesores a nosotros, han dejado inscrito (inconscientemente) en nuestro código genético, la potencialidad de ser, en modo tal, que nuestra mente-cuerpo sintetiza una demanda, necesidad o requerimiento de diseño. Es en esa virtualidad, la del ser en potencia, que damos forma y existencia indistintamente a ‘música’, ‘literatura’, ‘métodos’, ‘diseños’… en ello radica, la acción poética.
Denúnciese a quienes se afanan de ‘revolucionar’ con el diseño el mundo. No seamos tan presuntuosos, ni auspiciemos vendajes en nuestra frente; lo nuestro es poético en virtud de una genética heredada (en consecuente razón y exposición a la cultura). Así, podemos llevar a cabo complejos procesos mentales de razonamiento, duda, imitación, lógica, análisis y hasta una dosis, a veces necesaria, de irracionalidad. El diseño es, en tanto, seamos capaces de hacerlo. Eventos han fluctuado en la organización del Universo, el Sistema Solar, la Tierra y así de la especie, para formar con profunda poiesis, lo que nos hace ser-para hacer: idear, suponer, dibujar, yuxtaponer, descomponer, elaborar, fabricar… pensamientos que se sintetizan con las manos, trazos, líneas; volúmenes que son embajadores de una herencia biológica, física y cultural que decanta en procesos creativos de complejidad inconsciente; lo creativo del diseño, supone entender al menos, que sabemos un ápice de porque somos.
Recuerdo la visión de Borges: “… vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”[2]
[1] “Filosofía y Arquitectura”, Mtro. Jaime Irigoyen Castillo. UNAM, Posgrado de Arquitectura, 2014.
[2] Jorge Luis Borges, El Alpeh (México: Debolsillo, 2011).






Jorge Luis, querrás decir, querido Gabriel.
Corregido, gracias por la observación René.
MUY INTERESANTE…PARA DEBATIR EN ESCUELAS DE ARQUITECTURA Y EN AMBIENTES DE INVESTIGACIÓN…A VECES ME PARECE QUE LOS ARQUITECTOS SOMOS FANTASMAS QUE TODAVÍA NO SABEN QUE HAN MUERTO…