Uno de los factores que más fuertemente ha influido en el diseño de las nuevas generaciones de arquitectos a mi parecer es el internet. Este ha cobrado una importancia fundamental en la manera en la que se diseña y construye. Cada vez es más evidente la manera en la que las formas extravagantes y estructuras intrincadas que se encuentran en línea son después reproducidas y en ocasiones copiadas en las aulas y despachos arquitectónicos. Se trata de un fenómeno en el cuál las imágenes (muchas veces idealizadas, utópicas, hiper-pulcras, y en ocasiones maquilladas y mentirosas) pasan a formar parte del imaginario de jóvenes (y no tan jóvenes) arquitectos y aspirantes a serlo de manera determinante, logrando establecerse como modelos a seguir. Pareciera que el simple hecho de ver algo publicado en un blog fuera suficiente razón para acreditar e incluso legitimar o validar su supuesta “fama”, “relevancia”, “aportación”, etc. Sin embargo, habrá que cuestionarse: ¿hasta qué punto puedo confiar en el poder de la imagen en la disciplina de la arquitectura? ¿Es acaso un requisito de mercado?, ¿acaso estudiamos 5 años mínimo arquitectura para ser “renderistas”? Lejos de discriminar a mis amigos dedicados en su vida profesional a la fabricación de imágenes de ensueño, busco poner las cartas sobre la mesa. La pregunta para algunos es casi existencial: ¿puedo ser arquitecto si no se renderizar?
A mi parecer no se trata de un debate entre ver y mirar, sino entre ver y habitar. Diferencia tan básica como saber que tanto la fotografía como la arquitectura son dos ramas separadas e independientes de las bellas artes, cada una apreciable por sus propias características, virtudes y limitaciones. Puesto de manera simple y clara: la experiencia con el usuario es simplemente distinta.
Es comprensible que en la vida profesional y académica los jóvenes arquitectos que se han forjado revisando “casos análogos” de Archdaily, Arquine, o el blog arquitectónico de su preferencia se sientan en la necesidad por reproducir lo que allí encuentran. Como si se tratase de una fábrica de ideas e innovación, o mejor aún, de una cuestión de “cultura” en la que los “cultos” observan e “inspiran” (copian) lo que sucede en la farándula y espectáculo del mundo arquitectónico a nivel internacional con aspiraciones de formar parte de sus líneas en algún momento.
Ante la enajenación mediática y la constante inundación de imágenes que dictan las tendencias, hay que tomarse el tiempo para preguntarse: ¿qué tan importante es estar a la moda como arquitecto? ¿Acaso son las exigencias del mercado las que nos orillan a la búsqueda por a la homogeneidad en estilos? O ¿es acaso esta búsqueda estrafalaria por ser diferente simplemente por ser diferente parte de lo que se necesita para ser exitoso en la actualidad? Sin duda, el cliente tiene su dosis de culpa en el dilema, sin embargo, la responsabilidad y ética profesional no pueden simplemente ser sometidas a un segundo plano. Como bien menciona el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa:
“El papel de una crítica arquitectónica responsable es crear y defender el sentido de lo “real” en un mundo que se encuentra “cada vez más en ficción por una arquitectura de la imagen comercial.”[1]
Los anteriores planteamientos y preguntas son expuestas con plena conciencia de que no existe respuesta cierta. Sin embargo, lo que resulta claro es que el fenómeno se gesta desde la educación. Cabe hacerse una última pregunta: ¿Cuándo fue que la arquitectura dejó de atender las necesidades de la gente, dedicándose en vez al espectáculo?
Las catedrales del capitalismo que se edifican en la actualidad podrían indicar el regreso de elementos del canon gótico, donde las formas intrincadas y estructuras desafiantes tenían en parte el propósito de crear un impacto en el espectador, inclinándolo hacia la doctrina. En cuanto al papel del arquitecto me parece terrible la similitud de la edad media con la actualidad: “el artista o creativo se consideraba simplemente un “esclavo” guiado por la ciencia gobernante propia de su doctrina”[2]
Ante el panorama fáctico que vivimos en la actualidad Pallasmaa expone una alternativa contundente y optimista que insinúa una línea de acción:
“Veo a la tarea de la arquitectura como la defensa de la autenticidad de la experiencia humana”[3]
[1] Juhani Pallasmaa, The Embodied Image: Imagination and Imagery in Architecture (Wiley, 2011).
[2] Goycoolea Prado, Roberto, “Arquitectura y filosofía,” A Parte Rei, revista de filosofía, Nº. 2 ( 1998): 155.
[3] Juhani Pallasmaa y Peter MacKeith, Encounters 1: Architectural Essays (Rakennustieto, 2013).
Imágenes de © Zaha Hadid Architects





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