CUENTOS DE ALARIFE
CAPÍTULO I
En el que Alarife descubre cómo decir aquí.
Por Carlos Mijares Bracho
1930 – 2015
Alarife vivía en el desierto.
Un día que paseaba por ahí se encontró con una joven.
Era muy bella, Alarife quiso volver a verla y le pidió que fuera a ese lugar al día siguiente.
Ella le preguntó cómo podría reconocer el lugar si en el desierto todos los lugares parecen el mismo.
Alarife comprendió que eso era cierto y se entristeció pensando que tal vez no volvería a ver a la joven.
Necesitaba imaginar un modo de distinguir ese lugar de los demás, encontrar una manera clara de decir: aquí.
Traía un largo bastón para defenderse de los animales, se le ocurrió clavarlo en el lugar donde había conocido a la joven y en donde quería verla todos los días.
Así ella podría identificarlo con facilidad.
Observó que esa era una buena manera de decir aquí y que la vara se convertía en el centro de todo el espacio que su vista podía abarcar.
Descubrió que así ya no se perderían al caminar en el desierto donde todo era igual, porque ya había algo distinto.
Se dio cuenta que podía dar vueltas en torno a la vara que había clavado en el suelo y eso le dio tanto gusto que al día siguiente, cuando llegó su amada, se pusieron a bailar alrededor.
Alarife empezó a descubrir algunas otras cosas:
Que cuando todo era igual se podía crear un lugar identificable al hacer algo diferente.
Que así era posible hacer una cita con una mujer hermosa.
Que ese lugar se convertía en un centro y que, para celebrar el acontecimiento se antojaba bailar alrededor de él.
Que no era necesario saber hablar para decir: aquí.
Carlos Mijares Bracho
1930 – 2015





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