En las ciudades, caminar es la forma de desplazamiento más usada constituyéndose así como la base de la movilidad y de las relaciones urbanas. De acuerdo a la información presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía –INEGI en 2007, sobre los sistemas de desplazamiento utilizados en la Zona Metropolitana de México, el 72.1% de los viajes que se realizan se hacen en transporte público (metro, BRT, microbuses, minibuses, combis, trolebuses y tren ligero). Tomando como referencia estos datos, la AGUDF [1] señala que el usuario de transporte público camina aproximadamente 31.6 minutos al día que equivalen a 2.5 km diarios, lo cual multiplicado por la población de la ciudad significa unas 244.22 horas y 1.221.106 km diarios. Estas estadísticas de desplazamiento sumadas a los paseos o deambulaciones, demuestran que caminar es la actividad urbana más extendida y cotidiana que se realiza en la ciudad; sin embargo, y pese a esto, ser peatón en la Ciudad de México puede llegar a ser una experiencia bastante caótica y hasta dolorosa.
Para empezar habría que decir que llamarse peatón es en muchos casos un síntoma de fracaso económico y personal. No tener coche, usar el transporte público y tener que caminar por las calles y estar en contacto con el “pueblo” y con lo “popular” de la ciudad es un signo de fracaso y frustración, ya que el asenso social y el éxito económico están relacionados con un estatus superior que se atribuye al conductor. Si lo pensamos bien, es muy raro ver a la gente de altos ingresos caminando en la ciudad, incluso cerca de sus lugares de residencia; para algunos ciudadanos ya sea por temor o desprecio, la experiencia urbana de las calles constituyen un profundo misterio. En este sentido, se podría decir que caminar no representa para muchos una opción de desplazamiento amena y enriquecedora, sino más bien una obligación, debido a la falta de dinero o de oportunidades más confortables y “seguras” para moverse en la ciudad.
Por otro lado, y sumado a esta situación existe también un fenómeno de invisibilidad del peatón en las políticas públicas de la ciudad. A pesar de que el Programa Integral de Transporte y Vialidad del Distrito Federal tiene como prioridad la recuperación del espacio público y las zonas peatonales en beneficio de las personas y no de los automóviles, la realidad material muestra otra situación completamente diferente. De acuerdo a una investigación del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo – ITDP [2], tan sólo el 3% de los recursos federales destinados a transporte se utilizan en infraestructura peatonal. Muchas veces, las autoridades ven la inversión en los espacios peatonales como un signo de retraso para la ciudad, y por esta razón la mayor parte del presupuesto lo destinan a la construcción de todo tipo de espacios pensados para el automóvil, con la consigna de que mas autopistas y mejor infraestructura significan una ciudad más competitiva y desarrolladla, y como consecuencia con mejor calidad de vida.
Esta forma de priorizar la inversión pública, sumada a esa idea ciudadana del “caminar como signo de pobreza”, hacen que la Ciudad de México sea un espacio extremadamente duro para el peatón. Sus calles están plagadas de una serie de obstáculos: instalaciones técnicas que sobresalen de la superficie, pavimentos levantados por los arboles, rampas excesivamente pendientes y con materiales inadecuados, mobiliario urbano que invade las esquinas, cubetas o elementos que “reservan” el espacio de estacionamiento, banquetas discontinuas, y sin olvidar los coches y los puestos ambulantes que cada día le roban más espacio a la gente. Una gran cantidad de elementos y estímulos que aparecen de forma espontanea en las calles y que la convierten en toda una experiencia muchas veces incomoda y dolorosa. Pareciera pues que las calles de esta ciudad son anti-peatón; en ellas se vive una lucha constante por el derecho al espacio. Todos los días los transeúntes se ven obligados a pelear con ambulantes, coches, infraestructuras y espacios deteriorados para garantizar así su presencia y reivindicar su deambular, es como si el peatón no perteneciera a la calle y como si se le hiciera un favor al dejarlo transitar por ella.
Frente a esta situación habría que plantear una restitución al derecho a las calles y con ello a la participación en la vida urbana. Los peatones y su hábitat natural (las calles) no pueden continuar en la base de la pirámide de las políticas públicas y de la inversión en la ciudad; por el contrario, estos deberían estar en la cima, en un primer nivel de prioridad. Las calles constituyen un derecho ciudadano de primer orden, por tal razón, llamar la atención sobre estos espacios, trabajar e invertir en ellos puede ser una condición básica para ejercer la justicia urbana y la redistribución social de esta ciudad.
La ciudad actual presenta pues una serie de retos con relación a sus calles. En primer lugar habría que trabajar en un cambio de mentalidad con respecto a la significación de estos espacios. Las calles deben dejar de ser apreciadas por políticos, urbanistas y hasta por los mismos ciudadanos como simples elementos de circulación vehicular, para pasar a ser vistas como espacios valiosos que cumplen con una función social indispensable para el desarrollo equilibrado del ser humano y de la sociedad en su conjunto. El reto de la ciudad actual es devolver ese derecho ciudadano a la calle como una instancia de socialización, como lugar de encuentro a partir del cual se hace vida colectiva y como un espacio donde la diversidad y la multiplicidad de culturas, usos y modos de vida se ponen de manifiesto. Es necesario recuperar la calle no como herramienta política, sino como un instrumento social que facilita y promueve las relaciones en público, la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural.
[1] Agencia de Gestión Urbana de la Ciudad de México (AGUDF), Ciudad Peatón, en el foro “Exploraciones para una Megalópolis”, Laboratorio Para La Ciudad, 27 de febrero de 2014.
[2] Diagnóstico de Fondos Federales para el Transporte y la Accesibilidad Urbana, Ciudad de México, 2012.
Fuente foto de portada http://brianholmes.wordpress.com
Imágenes de calles Ciudad de México | Fuente: Lorena Cardona, 2014.




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