Dentro de la historia de la arquitectura varios han sido los intentos por equipararla a una estructura de lenguaje en un intento de consolidar su parte teórica. Uno de estos intentos es el de encontrar un sentido dentro de la semiótica. La semiótica es la disciplina que estudia el signo y aborda la interpretación y producción de sentido.
Umberto Eco señala en su artículo “Función y Signo: La semiótica de la Arquitectura”, que la arquitectura misma representa un reto particular a la semiótica ya que los objetos arquitectónicos “no comunican” puesto que no han sido pensado para dicho fin, sino que su finalidad última es la función.
Eco presenta un ejemplo interesante en el cual esquematiza una situación en la que el primer hombre se resguarda en una caverna. En este esquema el hombre se da cuenta de que la cueva cumple una función a través de ciertas propiedades que la hacen factible de ser utilizada para ese fin. Es así como el hombre a partir de una experiencia particular conceptualiza esas características primarias para generar un símbolo que le permita identificar, y transmitir o comunicar esa idea o concepto; así como también trasladarlo a otras cuevas que tengan las mismas propiedades.
“El modelo (o concepto) funciona tan bien que ahora puede reconocer a distancia la cueva de otro o una caverna que no tiene intención de utilizar, independientemente de si desea guarnecerse o no en ella. Ese hombre ha aprendido que la cueva puede tener varias apariencias. Ahora bien, esto seguirá siendo asunto de la percepción individual de un modelo abstracto, pero en cierto sentido el modelo ya está codificado, no todavía a un plano social, sino al plano de ese individuo que hace proposiciones y se las comunica, sin salir de su propia mente. Y, probablemente, ya en ese momento, podría comunicar el modelo de la cueva a otros hombres, por medio de signos gráficos. . El código arquitectónico generaría un código icónico y el “principio de caverna”
Eco lleva este concepto a otro nivel cuando plantea que al conceptualización de la función de un objeto no solo codifica ese objeto en función de su utilidad y se vuelve signo de esta; sino que también se codifica una solución particular a un problema o acción general es así como una cuchara “promueve cierta manera de comer y significa esa manera de comer, de la misma manera como la caverna promueve el acto de guarnecerse y significa la existencia de una posible función, y ambos objetos significan, aun cuando no sean usados.”
Es de esta manera como Eco, propone una posible lectura de la arquitectura como texto en base a su función. Bajo el entendido de que los diversos objetos producidos por el diseño y sus disciplinas afines están orientados a cumplir con una función específica, esta función puede fungir como una significación que se vincule al objeto.
Una consideración importante respecto a la función de los objetos arquitectónicos o de sus componentes radica en que en muchas de las ocasiones dichos componentes conllevan una función tan elemental, que no existe una interacción física directa o activa para que la función del objeto se cumpla. Esta situación da como resultado que el elemento quede tácito dentro de un análisis superficial del objeto.
“Por lo que toca a algunos objetos arquitectónicos –que no pueden considerarse como estímulos, por cuanto que no lo obligan a uno a que dé una respuesta física […] tarde o temprano uno llega a pasar por alto buena parte de su funcionalidad (que se puede experimentar como algo “fuera de la vista”), aunque se continua respondiendo a su efectividad comunicativa como en un sentido de seguridad, de espacio, etc.”






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