Dándome una vuelta por la página Kickstarter (dedicada a la publicación de proyectos de todos tipos con el fin de conseguirles apoyo económico para llevarlos a cabo) me tope con un proyecto que me hizo reflexionar en torno a la manera en la que la arquitectura y los espacios públicos pueden lograr integrarse con las nuevas tecnologías y pasar a formar parte de la llamada “era digital”. No, no se trata de un proyecto de WiFi “gratuito” para parques y plazas promovido por la compañía de telefonía de su preferencia. El proyecto se diferencia tajantemente de éstos por la simple y sencilla razón de que cualquiera con iniciativa puede formar parte, aún con recursos limitados o escasos.
Poniendo en manifiesto el contexto actual, es bien sabido que en países que cuentan con un control estricto del flujo de internet, es imposible descargar una película, serie, o incluso visitar páginas que se encuentren “fichadas” por los proveedores o los gobiernos en cuestión. Esto evidencia que la gran parte del contenido al que tenemos acceso es monitoreado y censurado selectivamente. Gracias a las revelaciones hechas por Snowden en torno a la inmensa cantidad de información privada de ciudadanos cotidianos de todo el mundo a la cual la agencia estadounidense NSA tiene acceso, ahora sabemos que la discreción y salvaguarda de datos personales e incluso secretos corporativos o de estado no se encuentran a salvo ni siquiera dentro de nuestros propios equipos o servidores privados. Hay que afrontarlo: la red no es privada y cualquier cosa que pongamos en ella será almacenada, revisada, clasificada e incluso utilizada en contra de nuestra voluntad.
En tiempos en los que la información más valiosa de nuestras computadoras se sube demanera continua y activa a “la nube”, cabe preguntarse qué tan segura se encuentra la información que almacenamos, y más importante aún , que tan seguros estamos nosotros al compartir dicha información.
Ante este panorama, surge el proyecto el por el cuál decidí escribir este artículo en primer lugar: Dead Drops.

Foto tomada de http://deaddrops.com/es/
Los Dead Drops (o en su traducción literal, las “gotas muertas”) son una propuesta interesante que se presenta como una alternativa a la manera en la que compartimos información. En su página se describe como:
“… una red anónima offline de intercambio de archivos en espacios públicos. Las memorias USB son empotradas en muros, edificios y esquinas accesibles a cualquiera desde el espacio público. Todo el mundo está invitado a dejar o copiar archivos de un Dead Drop. Conecta tu ordenador portátil a los muros, edificios o postes para compartir tus archivos e información favoritos.”
La propuesta es sencilla: hacer un agujero en una pared, insertar un USB a la distancia adecuada y fíjalo con cemento, yeso o el pegamento de tu preferencia.
Unos de los aspectos que me llamaron la atención fueron: 1) Prácticamente se puede llevar a cabo con recursos que todos tenemos a la mano y por ende el potencial de adopción con el que cuenta el proyecto y 2) los Dead Drops dotan a las calles y a los espacios públicos de un significado adicional, convirtiéndolo en LUGARES de intercambio de información digital, de manera física y anónima.
De adoptarse, los beneficios podrían ser enormes, dado que uno puede prescindir del internet para poder transferir archivos con la comunidad.
¿Qué pasaría si, por decir algo, tienes que dejarle un archivo a algún amigo, pero este llega tarde? Solo déjalo en el Dead Drop más cercano y él lo encontrará. ¿Qué pasa si quieres compartir tu biblioteca de música, videos o bloques de Autocad con la comunidad? Solo acércate al Dead Drop más cercano.
Informal, de mano a mano, virtualmente “gratis”, anónimo y sin duda algo que nos hace reflexionar acerca de la manera en la que los espacios contienen, conservan y distribuyen la información. A pesar de estar conectados de manera remota, el intercambio físico no debe de dejarse a un lado. Es tal como la decisión del gobierno alemán por regresar a las máquinas de escribir como medida de seguridad.
A mi forma de verlo, los espacios cuentan siempre una narrativa, una historia. Los Dead Drops exaltan las cualidades físicas y ponen en evidencia la manera en la que el intercambio de información le da significado al espacio al introducir el factor de intercambio digital.
Para obtener más información ingresa a su página web:





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