Este escrito intenta relatar una serie de intervenciones realizadas dentro del Workshop Estrategias Subversivas de Ocupación Urbana, organizado por el Colectivo Somosmexas [1] en colaboración con Recetas Urbanas[2] en agosto de 2012. El workshop tenía por objetivo el análisis, propuesta e implementación de acciones de reactivación espacial en diferentes sitios dentro del Barrio de La Merced (Centro Histórico de México).
El equipo estaba formado por dos coordinadores, Erika Loana y Pablo Martínez Zarate y cuatro participantes, Emma Leticia Moreno Carranza, Janisse Cruz de la Rosa, Nuri Serrano y la que escritora de este relato, que en ese entonces, estaba recién llegadita a México y buscaba con este taller, conocer un poco más sobre esta compleja y maravillosa ciudad dentro de esta gran metrópolis: el Centro Histórico.
¿Cuál era el objeto de intervención?
El objeto destinado a realizar acciones de reactivación espacial consistió en una gran jardinera de 1.20 de altura ubicada en av. Fray Servando Teresa de Mier esquina Topacio. Esta jardinera nació con un producto de ajustes vehiculares que condicionaron su morfología actual, pero su falta de función social la convirtieron en un gran remanente urbano, un espacio de sobra creado por las bruscas influencias de la modernidad en las grandes ciudades.
Para contextualizar un poco más el área, el sito está inmerso dentro de una zona medular del flujo comercial de la ciudad, funcionando como conector entre el Centro Histórico y la zona del Mercado de la Merced. Como se deberán de imaginar, el tránsito de vehículos, tanto de autos, motos, peseros, camiones de carga y descarga es sumamente intenso. Esto, aunado a un enorme flujo de compradores, vendedores ambulantes, cargadores, diableros, triciclos que transportan grandes cantidades de cajas y mercaderías en un equilibrio casi inestable, mantienen sus propias trayectorias independientes al sentido vehicular y generan un entramado complejo de circulaciones, encuentros, desencuentros y yuxtaposición de flujos, provocando una fuerte saturación sonora, visual y sensorial.
Intervención #1: La Cal como método de análisis
Lo primero que surgió como tema de análisis y discusión, fue el papel del peatón dentro de las calles de la ciudad. Cuando éstas son básicamente acciones centradas en la optimización del tránsito vehicular, el transeúnte parece desaparecer, como si fuera un especie de fantasma que deambula de manera errática y caprichosa. En un ánimo de poder captar su recorrido, de hacerlo palpable, ideamos un método que nos permitiera determinar los flujos de circulación más frecuentes en la zona: colocamos pequeñas cantidades de cal en las esquinas de las banquetas y a medida que los peatones atravesaban, sus huellas iban quedando marcadas en las calles. Esto nos permitió generar un mapeo que reflejaba las zonas de mayor intensidad de recorridos, los distintos tipos de usuarios y su frecuencia.
Propuesta de Reactivación
A partir del análisis de este remanente urbano y toda la vida que sucede a su alrededor, establecimos preguntas claves que nos guiaron a ciertas líneas de acción:
– ¿Cómo invertir la velocidad circundante?
– ¿Cómo confrontar la saturación?
– ¿Cómo contrarrestar los flujos?
– ¿Cómo reincorporar el sitio al entorno?
– ¿Cómo atraer la atención sobre el espacio?
Cada una de ellas nos daban diferentes modalidades proyectuales vinculadas a la relación que los habitantes de la ciudad tienen con su entorno urbano. Las propuestas se definieron en relación a dos ejes: el carácter social del sitio y su realidad material.
Intervención #2: cruces peatonales
Con relación a la primer línea de acción, decidimos poner en relieve la falta de consideración del flujo peatonal, a través del pintado de cebras. Esta acción, además de cumplir su función, ponía en relieve la necesidad de atender el problema desde la vía institucional.
La intervención la realizamos el 16 de septiembre en la mañana, pensado que el festejo independista del día anterior iba a provocar un casi nulo tránsito vehicular, permitiéndonos realizar nuestra acción lo más rápidamente posible y evitando represalias policíacas. Pero nos olvidamos de un pequeño detalle: el desfile militar se comenzó a preparar desde Pino Suárez extendiéndose hasta San Pablo, cortando la calle de Topacio.
No sólo teníamos a dos cuadras todo el cuerpo de seguridad de México, sino que además, un policía de tránsito estaba vigilando el corte de la calle, justo en el área a intervenir. Por unos 30 minutos pensamos qué hacer…cancelábamos nuestra acción, intentábamos hacerla con riesgo a que nos detengan o pedíamos permiso. Las pocas horas de sueño nos pesaban, ya contábamos con nuestros chalecos de seguridad que nos hacían ver mas profesionales y teníamos mucho entusiasmo en ver concretada nuestra primer acción de subversión. Así que nos armamos de valor y pedimos permiso. El policía aceptó, acción que fuertemente nos sorprendió y nos hizo pensar que todavía hay policías con cierto razonamiento crítico. Incluso nos ayudó, frenando el tránsito para que pudiéramos pintar. Así, definimos los pasos peatonales en relación al estudio de flujo e intensidad, “legalizando” el cruce de los transeúntes.
Intervención #3: la jardinera como espacio de desaceleración
Una semana después, realizamos nuestra tercera (y final) acción sobre el sector a intervenir. Esta vez relacionada al objeto en sí, como remanente urbano. Nuestro interés de basó en atraer la acción del remanente, sacarlo del olvido, aunque sea de manera temporaria. La estrategia se basó en la desaceleración del flujo urbano, a través de convertir a la jardinera en un espacio de reunión.
Decidimos construir unas rampas que inviten a los transeutes a acceder, definimos un recorrido interno y colocamos unas bancas bajo la sombra de la higuera. Así, creamos un pequeño descanso en medio del caos vehicular, definiendo una intervención a través de pequeñas acciones que dotaban al espacio de otras sensaciones y percepciones.
La respuesta por parte de los vecinos y los que recorrían el sector no sólo fue de gran aceptación sino también de colaboración y aportación. Esto refleja que pequeñas acciones positivas también tienen efectos multiplicadores y de retroalimentación, que aportan a la mejora de las dinámicas urbanas y del espacio público.
“El señor del comercio que nos prestó sus diablitos, porque teníamos cara de gente decente y nos vio acarreando cosas desde muy temprano por la mañana”
“El señor de los pollos rostizados nos hizo descuento porque estábamos arreglando el camellón”
“Los policías identificaron al grupo del colectivo cuando les preguntaron a otros de nuestros compañeros si eran de los mismos que arreglaban la jardinera de los vagabundos”
[1] http://somosmexas.tumblr.com
[2] http://www.recetasurbanas.net/v3/index.php/es/
Imágenes: Selene Losano, 2012 y E. Loana, 2012.




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