
Constructores de tumbas de narcotraficantes en el cementerio Jardines del Humalaya, en Culiacán, Sinaloa, el cinco de julio de 2009. Foto: Shaul Schwarz. NYTimes
“Yo sueño con una ciencia -y sí, digo una ciencia- cuyo objeto serían esos espacios diferentes, esos otros lugares, esas impugnaciones míticas y reales del espacio en el que vivimos. Esa ciencia no estudiaría las utopías -puesto que hay que reservar ese nombre a aquello que verdaderamente carece de todo lugar- sino las heterotopías, los espacios absolutamente otros. Y, necesariamente, la ciencia en cuestión se llamaría, se llamará, ya se llama, la heterotopología”.
Michel Foucault
Para comenzar a pensar en torno a las heterocronías y las heterotopías[1] dentro de la ciencia de la heterotopología propuesta por Michel Foucault a finales del siglo XX, habría que aclarar primero el lugar que tiene este pensamiento frente a la historia de la filosofía en general.
La Filosofía desde sus inicios se ha ocupado del Ser, el cual ha sido planteado y estudiado desde la historicidad, su devenir, su acaecer, su cronología, su relación con el pasado y con el mundo en el tiempo; el problema que quiero plantear es que a la Filosofía le ha interesado más el tiempo que el espacio. El pensamiento filosófico ha dejado generalmente de lado: las cartografías, los mapas, la geografía, el ambiente, el territorio, las ciudades, los lugares, las zonas, y en general el espacio.
Sin ahondar más en esta premisa, podemos afirmar que Michel Foucault representa una excepción porque fue un filósofo que indago profundamente en el tema del espacio, de la geografía y de los lugares en general; incluso llego a plantear una ciencia llamada heterotopología, que resulta ser un desafío para el pensamiento, pero también una oportunidad para pensar los espacios urbano-arquitectónicos desde la filosofía.
Foucault dice en su conferencia de Los espacios otros, que es posible que nuestra propia vida este dominada por oposiciones intangibles que no notamos; por ejemplo las oposiciones binarias de espacio público y privado, de espacio familiar y social, de espacio cultural y productivo, de espacio laboral y de recreo, etcétera, lugares que guardan códigos de comportamiento que determinan el tipo de relaciones con el espacio, el tiempo y los otros seres humanos. Sin embargo, “no vivimos en un espacio homogéneo (…) no vivimos en el interior de un vacío que cambia de color, vivimos en el interior de un conjunto de relaciones que determinan ubicaciones mutuamente irreductibles y en modo alguno superponibles”.[2]
Cuando Foucault habla de heterotopías y de heterocronías, está hablando de aquellos lugares que ponen en jaque y desestabilizan nuestro pensamiento dicotómico con el que pensamos los lugares que habitamos.
Las heterotopías son lo opuesto a las utopías, porque se refieren a espacios reales que existen y que significan una especie de contraespacios, son aquellos espacios que no encajan en ninguna categoría a priori, porque no se pueden clasificar como públicos, ni como privados, ni como laborales, ni recreativos. Son espacios otros para realizar acciones otras, es decir, son lugares donde suceden aquellas gestiones que contradicen la normalidad o la cotidianidad de un mundo aparentemente lógico, ordenado y progresivo. Son los lugares reservados para los individuos que envejecen, que se embarazan, que menstrúan, que adolecen, que se mueren, que cometen crímenes, que enloquecen, que empobrecen, que se enferman. ¿Dónde están estos individuos? ¿Qué espacios les corresponden? Seguramente espacios otros de crisis y de desviación, lugares en donde el ser humano no está estable ni normalizado, de acuerdo a lo que el sistema ha establecido.
Los cementerios, los asilos, las prisiones, los moteles, los psiquiátricos, el metro, los asentamientos populares, los hospitales, los prostíbulos; son espacios para acoger comportamientos desviados y trasgresores, que no tienen un oponente binario y que no se pueden clasificar en espacio público, en privado, en espacio para el trabajo o para el ocio, porque en aquellos espacios, suceden aquellas cosas en las que no se piensa, cuando se piensa en la utopía.[3] Son espacios que no funcionan en condiciones hegemónicas, es decir, que no van con la corriente que encauza una cultura dominante. En estos lugares pasan cosas que no tienen nada que ver con circular, recrearse o trabajar.[4]
Existen heterotopías como las bibliotecas y los museos en donde se trata de almacenar todo el tiempo del mundo, en donde se trata de amontonar y archivar todas las épocas, todos los gustos, todas las formas, todo el saber. Sin embargo, existen otro tipo de heterotopías que guardan un tiempo efímero, quebradizo y fútil como las fiestas, las ferias, una marcha de manifestación, las vacaciones, etcétera, que no son lugares permanentes sino pasajeros, y lo que suceda en ese transcurso de tiempo, no tendrá una ubicación geográfica posterior; estas son las heterocronías.[5] Su existencia, aunque efímera y pasajera, tiene un espacio y un tiempo determinado que también se debe estudiar, desde su futilidad, en la ciencia de la heterotopología.
Cualquier persona puede visitar un asilo, un asentamiento de poblamiento popular irregular, un prostíbulo, un orfanato; sin embargo acceder o penetrar en la comprensión de lo que sucede en todos estos lugares es una ilusión, porque en ellos la vida se experimenta de diferente manera al orden impuesto o preestablecido por la cultura. En torno a estos lugares otros, se construyen inagotables prejuicios, estigmas, e imaginarios, y a través de esos prejuicios e ideas, intentamos comprender aquellos lugares e intentamos comprendernos a nosotros mismos; produciendo en este proceso dispositivos de exclusión socio-espacial.
El concepto de heterotopía nos es muy útil para comprender y plantear la heterogeneidad del espacio, Foucault afirma que:
“No vivimos en un espacio neutro y blanco; no vivimos, no morimos, no amamos dentro del rectángulo de una hoja de papel. Vivimos, morimos, amamos en un espacio cuadriculado, recortado, abigarrado, con zonas claras y zonas de sombra, diferencias de nivel, escalones, huecos, relieves, regiones duras y otras desmenuzables, penetrables, porosas”.[6]
Los espacios otros, son espacios de excepción de aquellos individuos o grupos que no se ajustan a la normalidad. En las ciudades podemos ver continuamente la producción de espacios de exclusión en donde se plasman las diferencias territoriales, políticas, ideológicas y económicas que caracterizan la diversidad de los grupos humanos.
La hegemonía política y cultural se articula en el tiempo y en el espacio. Los discursos políticos y de las clases dominantes hablan a tono de la utopía (preocupación central de la modernidad), del mito de algún lugar irreal, maravilloso y no problemático al que nos quieren dirigir, sin embargo las heterotopías aparecen en los discursos como contradicciones o desviaciones espacio-temporales; en este sentido, estos contraespacios poseen una fuerza subversiva porque con su simple existencia cuestionan la posibilidad del paraíso al que el progreso: positivista, moderno y universalista nos quiere llevar, a través de sus discursos políticos, científicos y tecnológicos. Las heterotopías son capaces de producir un resquebrajamiento de nuestras estructuras de orden.
Los individuos y sus espacios que pongan en duda o desestabilicen el orden establecido por la cultura y por el sistema, serán automáticamente excluidos geográficamente y devaluados culturalmente; incluso su existencia no será tomada en cuenta en las promesas mitológicas del progreso cuyo sentido, decíamos, se basa en un fin promisorio de un paraíso producido tecno-científicamente.
El orden unívoco del tiempo y el espacio que impone la modernidad, provoca en el individuo cierta paz y cierta confianza en el rumbo de las decisiones de las clases dominantes; la fe en la razón, en la ciencia y en la técnica, también proporcionan cierta confianza, porque no solo conocemos el mundo, sino que lo dominamos y lo intervenimos a nuestro antojo; sin embargo, la existencia de las heterotopías y de las heterocronías crea cierta disonancia dentro de la armónica lógica moderna, por esto es que los individuos que habitan estos lugares otros, provocan miedo y aversión, cosa que soñamos sea anulada en el paraíso que promete el progreso y la tecno-ciencia.
Una vez planteada la idea de lo acotado, excluyente y problemático que resulta el proyecto moderno, debemos de poner atención a estos lugares otros, que sin intento de ser contraculturales o trasgresores logran desestabilizar y cuestionar la existencia de un orden unívoco, universal y hegemónico. Los lugares en donde se guardan los cadáveres, las personas viejas, los amantes fugitivos, las fiestas pasajeras, los individuos enfermos, los lugares invadidos por familias pobres, los espacios de los criminales y demás lugares que poseen la característica de estar saturados de eufemismos, porque en la cotidianidad no se sabe ni cómo nombrarlos y mucho menos cómo pensarlos; son espacios otros que Foucault llamo heterotopías y heterocronías y cuyo estudio heterotopológico, significaría el estudio de aquellos lugares que existen y sobreviven paralelos al orden impuesto, espacios por antonomasia de exclusión pero también de liberación.
[1] Las heterotopías o heterocronías no guardan relación con la idea o planteamiento de las contrautopias, porque estas significan lugares que no existen aún pero que son imaginados como mundos o regiones posapocalípticas y niegan cualquier visión optimista del futuro. Tampoco las heterotopías o heterocronias guardan relación con las distopías, porque estas tienen por telón de fondo el desarrollo y la crisis de los valores de la modernidad, un discurso posterior al discurso moderno de la utopía en donde ya no hay esperanza o fe en el progreso. Ideas aunque muy interesantes, lejanas al planteamiento de Foucault, que habla de los espacios otros que existen y coexisten con espacios reconocidos por un sistema de ideas o cultura que va acorde con su lógica normalizadora y disciplinaria.
[2] Foucault, Michael, “Los espacios otros,” UAM Biblioteca Digital artículos, 2007 http://148.206.107.15/biblioteca_digital/articulos/7-132-1932qmd.pdf, (consultado el 15 de Julio del 2015
[3] Con utopía nos referimos al planteamiento de un lugar imaginario donde se satisfaría el deseo de vivir en un mundo mejor, más libre, igualitario, fraternal y saludable.
[4] Tres de las funciones básicas del ser humano que debe satisfacer la ciudad, en función de los usos y necesidades de la sociedad moderna, según la carta de Atenas de 1942.
[5] Foucault, Michael, “Topologías, dos conferencias radiofónicas,” Fractal revista trimestral, 2012 http://www.mxfractal.org/RevistaFractal48MichelFoucault.html (consultado el 15 de Julio del 2015
[6] Foucault, Michael, “Los espacios otros,” UAM Biblioteca Digital artículos, 2007 http://148.206.107.15/biblioteca_digital/articulos/7-132-1932qmd.pdf, (consultado el 15 de Julio del 2015





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