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El arquitecto danés Jan Gehl ha identificado la aparición de tres lógicas imperantes bajo las cuales está basada la planificación y diseño de un gran número de ciudades: por un lado el Urbanismo Modernista, cuya ideología se ha encargado de consolidar la ciudad como una máquina para vivir con partes separadas por función, lo cual ha traído como consecuencia un fenómeno de fragmentación y disolución social. En segundo lugar, la visión de los planificadores de tránsito (traffic planers), cuyas ideas han asegurado mejores condiciones para el tránsito de autos por encima de las necesidades peatonales. Y por último, la visión de una arquitectura como obra de arte, donde cada edificio intenta ser más original y distinto que el otro, y que en conjunto acaban creando un pastiche de elementos espectaculares diseñados desde arriba, los cuales nunca prestan atención a la escala humana. Frente a estas dinámicas, Jan Gehl propone la incorporación de una nueva dimensión humana a la arquitectura y el urbanismo, al identificar que ambas disciplinas deben ser ante todo una labor humana y social.
Gehl dice estar cansado de ver cómo la planificación urbana pasa por alto al ser humano, y contrario a esto, considera que en la ciudad ser amable con la gente no implica grandes esfuerzos (económicos, políticos y sociales) en comparación con otras inversiones. Por tal razón, el concejo que da a las ciudades es intentar tomar a la gente en serio, más en serio y justo tan en serio, como tradicionalmente se han tomado a los automóviles y a los mismos edificios. La escala utilizada para medir la calidad y la felicidad de una ciudad debe estar determinada en entender las aspiraciones de la gente, su naturaleza, comportamientos y actitudes; en otras palabras, se trata de desarrollar un tipo de diseño y planificación orientada al ser humano y al tipo de vida que a este, le gustaría tener. Jan Gehl define que “la buena arquitectura debe ser la interacción entre la vida y la forma”, lo importante no es cómo se ve un edificio desde el aire, sino cómo se vive este en la escala humana; en este sentido, en ningún caso el propósito de la arquitectura debe estar centrado en hacer obras bellas para ganar premios, sino por lo contrario en enaltecer lo humano, en cuidar bien de las personas y de la valiosa vida que puede haber en ellas.
Jan Gehl ha sido uno de los primeros arquitectos en desvelar la importancia que el espacio público tiene en la aparición de la vida urbana en la ciudad, en la construcción de comunidad y por ende en una mejor calidad de vida para sus habitantes. Con base en esto, sus investigaciones se han centrado en estudiar como la peatonalización y un entorno físico de calidad para estos espacios han influenciado de manera positiva el desarrollo de actividades exteriores, el estilo de vida de la gente y sus comportamientos sociales. Con los resultados de sus investigaciones, se ha logrado determinar que a través del diseño no es posible influir en la calidad, el contenido y la intensidad de los contactos sociales que se puedan dar en estos espacios; sin embargo, si es posible incidir en el número de personas que los usan, en la frecuencia y cantidad de tiempo que se pasa en ellos, y en la cantidad y tipos de actividades. A partir de esto, Gehl propone una serie de estrategias y criterios para diseñar los espacios públicos, con el objetivo de volverlos mucho más atractivos para la gente y de potencializar en ellos el desarrollo de actividades sociales [1].
– La gradación de espacios exteriores: para incrementar la vida social en los espacios públicos es necesario trabajar en la gradación de espacios, con áreas semipúblicas, íntimas y familiares más próximas a la vivienda que hacen posible conocer mejor a la gente y dan como resultado un mayor grado de vigilancia y responsabilidad colectiva sobre el espacio público.
– Diseñar con los sentidos: para dimensionar todas las formas de espacios exteriores. Dado que la vista y el oído están relacionados con las actividades sociales (ver y oír otras personas) su funcionamiento es un factor fundamental del proyecto. La relación entre distancia y la intensidad, entre proximidad y afecto, condiciona que los espacios de dimensiones modestas permiten que la gente los experimente con una mayor intensidad como espacios íntimos, cálidos y personales.
– El tiempo y velocidad para la experiencia: un elemento importante de la experiencia de estar con otras personas es que debe haber una cantidad razonable de tiempo en el que ver y procesar las impresiones visuales, de esta forma cuando la circulación es lenta (a velocidad del peatón) hay vida en las calles, ya que tráfico lento significa ciudades animadas.
– “La vida en la ciudad tiene lugar a pie”: todas las actividades sociales significativas se producen cuando las personas están de pie, sentadas o caminando. En este sentido, Gehl define dos elementos básicos que debe tener todo espacio público: espacios para caminar y espacios para estar de pie y sentarse.
Espacios para caminar: caminar proporciona una posibilidad informal y sin complicaciones de estar presente en el espacio público. Caminar exige espacio para hacerlo de modo libre y sin molestias; por esta razón, es necesario tener en cuenta las superficies y los pavimentos, ya que unas condiciones adversas pueden tener una influencia negativa en el desplazamiento peatonal y por consecuencia en la experiencia. También es importante considerar las exigencias físicas que implica la actividad de caminar, para esto es necesario contemplar las distancias máximas entre los diferentes espacios tanto públicos como privados.
Espacios para estar de pie y sentarse:según los estudios de Gehl, las zonas de estancia más populares son aquellas que están junto a las fachadas o en la zona de transición de un espacio y el siguiente (zonas de borde), esto se debe a que situarse en el borde de un espacio ofrece las mejores oportunidades para contemplarlo. De esta forma, los acontecimientos aumentan desde el borde hasta el centro de los espacios públicos. Otro aspecto importante es que cuando los espacios están vacíos (sin mobiliario, vegetación o diversos elementos de diseño), será muy difícil encontrar lugares donde estar de pie o sentarse; y en este caso, solo cuando hay oportunidades para hacer estas dos actividades, puede haber estancias de larga duración y en consecuencia de mayor actividad social.
– Agrupar, integrar, atraer y abrir: constituyen cuatro estrategias fundamentales para proyectar un buen espacio urbano.
Agrupar: las personas y las actividades se pueden agrupar colocando cada uno de los edificios y las funciones de manera que el sistema de espacios públicos sea lo más compacto posible, y que las distancias de circulación peatonal y de las experiencias sensoriales sean cortas; de este modo, cuando las actividades se agrupan a lo largo de una calle cada persona puede saber lo que está pasando allí dando tan solo un paseo corto. Asimismo el hecho de que la intensidad de la experiencia aumenta debido al tamaño reducido de los espacios, este será un factor decisivo para el dimensionamiento cuidadoso de los espacios públicos en el que la gente pueda congregarse y no por el contrario dispersarse.
Integrar: la integración implica que varias personas y actividades en los espacios públicos puedan funcionar juntas, esto permite que las personas implicadas actúen unidas y se estimulen e inspiren unas con otras. El rechazo a las zonas monofuncionales es un requisito para la integración; en este sentido, las labores de proyecto y diseño a escala mediana y pequeña son factores decisivos.
Atraer: los espacios públicos pueden ser atrayentes y fácilmente accesibles, para fomentar así que las personas y las actividades se trasladen desde el entorno privado al público. Esto depende de cómo estén situados con respecto a las áreas privadas y de cómo este diseñada la zona limítrofe entre ambos. Poder ver lo que está pasando en una calle es de igual forma un elemento de atracción, así como los recorridos cortos y asequibles entre el entorno público y privado. También un sitio a donde ir, puede ayudar a la atracción en una calle; los destinos en el entorno público, las cosas y lugares que cada individuo puede seleccionar y usar como motivo y aliciente para salir.
Abrir: el contacto a través de la experiencia entre lo que está pasando en el entorno público y lo que está pasando en los edificios contiguos puede suponer un notable aumento y enriquecimiento de las posibilidades de dichas experiencias. Abrir para tener un intercambio de experiencias no solo es cuestión de transparencia y permeabilidad en los elementos, sino también de distancia, la cual debe estar determinada por los parámetros de las experiencias sensoriales humanas, que en si mismas determinan si un acontecimiento es abierto o cerrado.
Recientemente Jan Gehl publicó su libro titulado Cities for people [2] en el que propone una serie de criterios para diseñar los espacios urbanos, en los que idéntica mas a detalle aspectos como las dimensiones humanas, la escala, los sentidos, la animación urbana, los espacios para caminar, para sentarse, para reunirse, y criterios generales para hacer ciudades mas seguras, saludables y sustentables.
[1] Criterios tomados del libro Jan Gehl, La humanización del espacio urbano (Barcelona: Editorial Reverte, 2006).
[2] Para conocer mas información de este libro visitar los sitios web





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