¿Por qué si durante mucho tiempo el hombre prehistórico no necesitó muros para vivir; luego fueron tan importantes para manifestar que los hombres tienen que ver unos con otros?, la respuesta a esta pregunta, la encuentra Sloterdijk en el libro segundo, capítulo primero, de Los diez libros de arquitectura de Vitruvio en donde afirma audaz y plausiblemente, que el fuego salvaje estaría al comienzo de las reuniones humanas y que la protección y conservación del fuego habría dado el impulso definitivo a la praxis arquitectónica de los seres humanos.
Es una especulación aventurada sobre la protohistoria de la humanidad. “El mentor de los arquitectos de la vieja Europa pone de relieve, en sucesión inmediata, el cuidado de puntos de fuego, la aparición del lenguaje y la construcción de chozas”.[1]
“En los primeros tiempos, los humanos pasaban la vida como las fieras salvajes, nacían en bosques, cuevas y selvas y se alimentaban de frutos silvestres. En un momento dado, en un lugar donde espesos bosques eran agitados por las tormentas y los vientos continuos, con la fricción de unas ramas con otras provocaron el fuego; asustados por sus intensas llamas, los que vivían en sus aledaños, emprendieron la huida. Después, al calmarse la situación, acercándose más y más, constataron que la comodidad y las ventajas eran muchas junto al calor templado del fuego; acarreando más leña y manteniendo el fuego vivo invitaban a otras tribus y, con señas, les hacían ver las ventajas que lograrían con el fuego (…) por casualidad, surgieron las primeras conversaciones. Por tanto, habían surgido las asambleas y la convivencia (…) Las primeras comunidades.
Vitruvio, explica el origen de los edificios, que tendrían que ver con el descubrimiento de las ventajas del fuego y el afán por conservarlo; de fondo está el deseo por guardar el calor que los mantiene cómodos y reunidos.
Es abrumador pensar en aquel momento en donde el hombre que vivía sometido a la intemperie, de pronto bajo la vaga sensación de comodidad y la irradiación de calor bienhechora, comienza desesperadamente a preservar aquella fuente de calor y de cobijo que le ofrecían las brazas de los leños que habían ardido en fuego; sin saberlo, pero motivados por esta nueva sensación acogedora, el hombre comenzó a construir muros y a generar espacios en donde comenzarían a marcar su territorio de entre todo el territorio en el que anteriormente vagaban; así entonces nació, según Viturvio, el espacio arquitectónico y con él, la sociedad y el lenguaje. La especulación de Vitruvio tiene de fondo la necesidad humana de cobijo descubierta como algo casual, pero convertida en algo imprescindible, una magna commoditas que exige ser completada por un segundo confort: la casa.
“El fuego mima a los seres humanos y los hace dependientes del relax y la holgazana: con ello la civilización puede comenzar como historia de mimos -y como lucha por el acceso a los escasos medios de mimo-(…) los primeros que disfrutan del calor llaman a los más próximo y se comunican con ellos mediante gestos y palabras primitivas sobre las ventajas de la maravillosa fuerza central recién descubierta. Así pues, un socialismo térmico en el comienzo, una reunión originaria en torno a un fuego cuidado, un círculo de seres humanos en torno a lo que más tarde se llamará hogar o fogón”[2].
Sloterdijk, reflexiona la literalidad del relato de Vitruvio e imagina la conformación de un círculo alrededor del fuego en donde todos de forma igualitaria acceden al calor, sin embargo cuando aumenta el número de necesitados de cobijo, y más seres humanos se interesan en experimentar para siempre la commoditas; sucede que “si hay candidatos al calor que deben colocarse detrás, entonces surge la sociedad térmica de clases”.[3]
Así podemos ver, que desde que surgió el espacio arquitectónico, surgió la necesidad de levantar muros, el deseo de vivir en sociedad y la demanda de la comodidad. En torno al fuego surgió el lenguaje y con él, la capacidad de organización y gestión del aprovechamiento de las ventajas del fuego; así entonces surgió la política debido a la desigualdad primigenia que consiste en la ausencia de equidistancia entre los cuerpos y el fuego.
Pensar en este sentido la historia de la humanidad, como la historia de mimos y la lucha por el acceso a los escasos medios de mimo (petróleo, fármacos, textiles) es una interpretación de las primeras intuiciones históricas de la teoría de la arquitectura con Viturvio; sin embargo es cierto que en la ciudad latinoamericana se sigue articulando el discurso a través de la dicotomía entre un privilegiado centro y en las desafortunadas periferias. Podemos ver que esta idea de “acomodo de la comodidad” es tan antigua como el primer tratado de arquitectura de la historia. Implícita está la idea también del comienzo de la búsqueda de espacios interiores que nos cobijen y nos mimen hasta la máxima sofisticación del aire acondicionado en el automóvil o las casas de cristal con calefacción en bosques nevados.
[1] Sloterdijk, Peter, Esferas II Globos, Trad. Isidoro Reguera, Ed. Siruela, España, 2003, p. 202.
[2] Sloterdijk, Peter, Esferas II Globos, Trad. Isidoro Reguera, Ed. Siruela, España, 2003, p. 206.
[3] Ibid, p. 206.





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