
La humanidad a lo largo de su historia ha soñado con un futuro mejor. Estas fantasías que se han dado a lo largo de la historia, hablan no solo de una expectativa del desarrollo de la tecnología, sino también de cuáles eran los factores más importantes para esas sociedades; sus miedos y esperanzas, que problemas se habrían resuelto y cuáles podrían ser las amenazas que el desarrollo podía encontrar. De esa manera las visiones del futuro que se tenían en el pasado también eran las proyecciones de los ideales de nuestros antepasados.
Tomas Moro, el pensador europeo del siglo XVI acuño el término “Utopía” o el lugar ideal, para referirse a esas visiones. La época moderna (a la que nos podemos referir desde el renacimiento) fue el punto clave en el que se desarrolló la idea de que los seres humanos podían vivir mucho mejor de cómo habían vivido hasta ese momento, y que todo mal podía ser eventualmente enmendado gracias a la razón.
Zygmunt Bauman nos señala dos condiciones básicas para que la humanidad sueñe con la utopía: Por un lado la “abrumadora sensación” de que el mundo no funciona como debiera y que este desperfecto va más allá de soluciones parciales, que es necesario un replanteamiento total del modelo bajo el cual la realidad opera; en segunda instancia, considerar que la humanidad tiene las capacidades, de la índole que se requieran, para afrontar el problema plateado por la realidad y darle una resolución aceptable. [1]
En la modernidad, cuando la humanidad pensaba que la solución a todos sus problemas llegaría gracias a la tecnología, la utopía se centraba en como el desarrollo económico y tecnológico podía resolver los grandes problemas de la humanidad. Algo muy parecido a lo que los tipos del proyecto Zeitgeist creen que es la solución a nuestros problemas.
Sin embargo la idea de modernidad ha sido puesta en crisis, nos hemos dado cuenta de que más industrias y más tecnología, y más acumulación de capital no son exactamente la receta mágica que hará de la humanidad trascender. Se terminó el sueño moderno. Desde las novelas de ciencia ficción hasta la más cruda de las realidades, la humanidad hoy en día teme más por las consecuencias del desarrollo que esperar sus beneficios. Entonces, ¿cuál es el nuevo paradigma utópico?
Uno de los planteamientos que a finales del siglo pasado fue la cumbre de la sospecha de que el progreso no era exactamente lo que esperábamos, tuvo que ver con la degeneración del medio ambiente. El cambio climático, los hoyos en la capa de ozono, la deforestación y la acumulación descontrolada de residuos nos plantearon un nuevo problema a la modernidad.
Es con este problema que surge la idea de cambiar nuestro modelo de progreso por uno autosustentable. El informe Brundtland en la década de los 80’s plantea la necesidad de dosificar el consumo de recursos a fin de que se satisfagan las necesidades de hoy sin comprometer los recursos de las futuras generaciones. Se dice fácil cambiar a un modelo sustentable, sin embargo, cuando la humanidad lleva tanto tiempo fiándose del desarrollo tecnológico para resolver sus problemas que es una mala costumbre que morirá lento.
El planteamiento de la sustentabilidad considera aspectos sociales y ambientales que difícilmente se consideraban antes, para que podamos efectivamente llegar a un modelo de desarrollo sostenible falta mucho, mucho tiempo. Suficiente para imaginarnos un nuevo futuro. Existe una noción reduccionista del problema. Me refiero que las “soluciones” propuestas son planteadas para reducir el impacto, no cambiar el problema: automóviles que contaminen menos, optimizar el uso de combustibles fósiles, reciclar los residuos, etc. No hay una idea de cambiar el sistema de fondo, simplemente se trata de aminorar el impacto del mismo.
Las utopías se presentan en lugares, específicamente en el hábitat del ser humano en tiempo futuro. Las grandes metrópolis actuales, fueron, hace mucho tiempo, la utopía del hombre pre-moderno. Es pues nuestro turno de imaginar, el hábitat del hombre del futuro. Pongo esta reflexión sobre la mesa. Si un sistema sustentable es aquel que no consume más recursos de los que produce, nuestras ciudades son exactamente lo contrario. Si pensamos en la superficie que ocupa la ciudad, contra la superficie que se requiere para producir todo lo que se consume en ella, nos encontraríamos que el modelo de ciudad actual es altamente insostenible. Quizá la utopía del siglo XXI no se encuentra en el modelo de ciudad que conocemos.

La Utopia Moderna, “La Ciudad del Futuro” por Harvey Wiley Corbett, 1913
[1] B. Zygmunt, Tiempos Líquidos: Vivir en la época de la incertidumbre (México: FCE, 2007).





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